Con información de Fernando Castellanos |
Hoy, 4 de abril, la Iglesia Católica vive el día del «ocultamiento de Dios». Entre el sepulcro sellado y la fe inquebrantable de la Virgen, el mundo contiene la respiración antes del anuncio del Domingo de Pascua.
El calendario litúrgico marca hoy un espacio de pausa profunda. Tras la intensidad del Viernes Santo, el Sábado de Gloria se presenta como una jornada de silencio sepulcral, noche y aparente ausencia. Es el día en que el cuerpo de Jesús reposa en la tumba, mientras la creación entera aguarda el cumplimiento de la promesa.
Esta fecha, cargada de misticismo, nos invita a contemplar dos realidades fundamentales de la fe cristiana:
El «Ocultamiento de Dios»
Como bien recordaba el Papa Benedicto XVI, el Sábado Santo es el día en que un «gran silencio envuelve la tierra porque el Rey duerme». Al proclamar en el Credo que Jesús «descendió a los infiernos», la Iglesia confiesa que el amor de Dios ha penetrado incluso en las tinieblas más profundas y la soledad más extrema.
Misericordia sin límites: Este descenso simboliza que nada, ni siquiera la muerte o el abismo, queda fuera del alcance de la redención.
Victoria en la sombra: Aunque todo parece perdido, la fe enseña que la Luz de Cristo ya está obrando una victoria invisible que estallará en la mañana de Pascua.
La «Hora de María»: La fe que no se rinde
En medio de la desolación y el miedo que dispersó a los discípulos, emerge la figura serena de María, Madre de la Esperanza. Mientras el mundo calla, Ella permanece firme en oración silenciosa.
Sostén de la Iglesia: María guarda en su corazón las promesas de su Hijo y mantiene viva la llama de la fe cuando otros se esconden o desesperan.
Fidelidad absoluta: Este día es reconocido como «la hora de María», representando la fe que no se rinde ante la evidencia de la muerte y sostiene la espera de toda la comunidad creyente.
Preparación para la Vigilia Pascual
Al caer la noche de este sábado, el silencio se romperá con la celebración de la Gran Vigilia Pascual, la «madre de todas las vigilias». En los templos de Guatemala y el mundo, se encenderá el Cirio Pascual, simbolizando que Cristo ha vencido definitivamente a la muerte.
La invitación para los fieles hoy es a permanecer en ese silencio reflexivo, acompañando a María en su soledad y fortaleciendo la esperanza de que, tras la oscuridad más profunda, siempre amanece la Luz.











