Por Fredy López |
Este martes, con gran entusiasmo, ilusión y una activa participación de la comunidad educativa, se desarrolla jornada de Cuentacuentos en la Escuela Oficial de Párvulos Carlos A. Velásquez, zona 1 de Quetzaltenango. La actividad surge de un esfuerzo conjunto entre la Dirección Departamental de Educación (Dideduc) y la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH).
La obra principal, titulada El ratón astronauta, fue la herramienta pedagógica elegida para transmitir, de forma sencilla y adaptada a la edad de los alumnos de párvulos, conceptos fundamentales sobre la convivencia y el desarrollo personal.
Un espacio para los valores y la expresión
La directora del citado establecimiento educativo, Irma de Rivera, destacó la importancia de estas dinámicas en la primera infancia:
«El objetivo de estas actividades es adaptarlas a la edad de los niños. A través de un cuento, ellos pueden ver cómo es de importante que cada uno exprese sus sentimientos, sus ideas, y la importancia de respetar también lo que otra persona piensa», explicó Rivera.
La directora añadió que la historia también resalta el valor del apoyo familiar, las amistades y la relevancia de trazarse metas desde pequeños, sin dejar de lado el conocimiento de sus derechos y obligaciones.
Colaboración y creatividad familiar
La coordinadora de programas y proyectos de la Dideduc, Norma Coyoy, resaltó el impacto visual y la motivación de los niños, quienes asistieron caracterizados de diversos personajes como el propio ratoncito, soles y animales de granja.
Coyoy encomió el rol de los padres de alumnos y el personal docente:
- Capacitación previa: Los docentes recibieron una inducción la semana anterior para conocer a fondo la actividad y el mensaje del cuento.
- Apoyo en el hogar: Los padres colaboraron activamente en la confección y preparación de los disfraces.
- Fomento de la responsabilidad: Se busca que los niños, no solo conozcan sus derechos, sino que aprendan a respetar los de sus compañeros a través de valores como la colaboración.
Las autoridades organizadoras coincidieron en que la infancia es la mejor etapa para sembrar estas enseñanzas, porque las experiencias lúdicas y significativas quedan grabadas para toda la vida.


















