Las molotov rompieron 23 años de paz entre católicos y protestantes de Irlanda del Norte

Abr 10, 2021 | Internacionales, no disponible, Portada | 0 Comentarios

Ocho noche consecutivas con disturbios en Irlanda del Norte.

La ira contenida por el confinamiento de la pandemia se ha sumado a las heridas abiertas por el Brexit que se unen a las cicatrices del conflicto entre las comunidades católica y protestante. Es un cóctel explosivo que tanto británicos como irlandeses temen que desemboque en nuevas víctimas mortales y más espiral de violencia.

En la noche del viernes el número de agentes de la policía autónoma ha ascendido a 74. Han sufrido ataques y han incendiado un coche, como ardió un autobús el miércoles pasado. Los grupos paramilitares aseguran que no están implicados en esta violencia callejera.

Cientos de personas han estado implicadas en estos disturbios. Muchos de ellos son jóvenes.

Jonathan Roberts, uno de los responsables policiales, ha destacado que son algaradas con un claro grado de desorganización. «Esta violencia no está orquestada ni ha sido reivindicada por grupo alguno», ha señalado.

La esperanza es que la oleada de violencia pare el fin de semana como muestra de respeto a la familia real por la muerte del príncipe Felipe, duque de Edimburgo. Pero también coincide el fin de semana con el 23 aniversario del Acuerdo de Viernes Santo.

Los dirigentes políticos norirlandeses, británicos e irlandeses han pedido que se ponga fin a la violencia. El gobierno norirlandés, en el que católicos y protestantes se reparten el poder, ha emitido un comunicado en el que pide que se acaben los «deplorables» ataques contra los agentes. En el texto dicen que la violencia de estas jornadas «es completamente inaceptable e injustificable».

En la noche del miércoles se bordeó la tragedia porque los manifestantes violentos se concentraron en las llamadas líneas de paz entre Shankill Road, unionista, y Springfield Road, nacionalista. Los agentes dijeron que se arrojaron cócteles molotov y otros explosivos en las dos direcciones. La batalla campal duró varias horas.

El ministro británico para Irlanda del Norte, Brandon Lewis, ha volado este jueves a Belfast para mantener una reunión de emergencia con el gobierno del Ulster.

La policía autónoma responsabiliza a los unionistas. Días antes de los ataques, la ministra principal y líder del Partido Democrático Unionista, Arlene Foster, cargó las tintas contra el máximo responsable de la policía autónoma de Irlanda del Norte, Simon Byrne. Lleva haciéndolo ya tiempo y ha pedido su dimisión.

Los unionistas reprocharon a la policía del Ulster su permisividad con los asistentes ea un funeral de un ex líder del IRA, al que asistieron dirigentes del Sinn Féin en junio pasado. No respetaron las restricciones impuestas por la pandemia, pero no se ha procedido contra ellos como demandaron los unionistas. La decisión del tribunal se conoció el 30 de marzo. Según Foster, la comunidad unionista ha perdido confianza en la policía autónoma.

El Brexit, he ahí la cuestión

Y no es este el único motivo de ira para los unionistas, ya que rechazan el llamado Protocolo Irlandés, por el que Irlanda del Norte sigue vinculada al mercado único, de modo que sus mercancías han de pasar controles aduaneros al cruzar al Reino Unido por el Mar de Irlanda.

Según los unionistas, esto les debilita en su pulso con los nacionalistas católicos que abogan por la unión con Irlanda. «Se sienten traicionados por el gobierno británico al permitir que se establezca la frontera en el mar», afirma Jason Walsh, periodista irlandés.

«Después de un año de confinamientos, la oportunidad de los ‘disturbios de entretenimiento es enorme. Además, el DUP, el principal partido probritánico, les da excusas, lo que ha atizado las llamas. El hecho es que la población está hablando abiertamente de una Irlanda unida y el lado británico está asustado», añade Walsh.

«La comunidad unionista está enfadada de forma justificada por el Protocolo de Irlanda del Norte», dijo Moore Holmes, uno de los organizadores de la protesta en Sandy Row. Pidió que se mantuvieran las protestas sin violencia.

Los unionistas han reiterado estos meses que el Protocolo Irlandés irrita tanto a sus bases que la violencia será inevitable a menos que se retire.

El Acuerdo de Viernes Santo, en vilo

El ministro irlandés de Asuntos Exteriores, Simon Coveney, ha advertido del riesgo de que haya muertos, si no se rebaja la tensión. «Es muy preocupante ver que hay esfuerzos en provocar una reacción en la comunidad nacionalista (católicos)», ha dicho Coveney. El Acuerdo de Viernes Santo, por el que se recuperó la paz en Irlanda del Norte hace 23 años, puede peligrar si continúa la violencia.

Jonathan Powell, uno de los negociadores del Acuerdo de Viernes Santo, ha dicho que las consecuencias del Brexit amenazan el delicado balance de intereses que se negoció en 1998.

Con ese pacto todos ganaban. Los nacionalistas veían reconocido su derecho a plantear su unidad con Irlanda, aunque fuera a largo plazo, mientras que los unionistas veían consolidada su relación con el Reino Unido. Todo se facilitaba ya que tanto el Reino Unido como Irlanda formaban parte de la Unión Europea.

En Irlanda del Norte, como suele recordar el Sinn Féin, ganaron los partidarios de seguir en la Unión Europea. Un 56% votó contra el Brexit.

Con el fin de acabar con las noches de protestas, el primer ministro irlandés, Micheál Martin, que ha pedido que todas las partes se pongan manos a la obra para que se restaure la calma.

La Comisión Europea dijo desde Bruselas que nadie iba a ganar nada de esta crisis. Mientras tanto los funcionarios siguen discutiendo sobre cómo aplicar el Protocolo de Irlanda. En Washington también reina la preocupación. El presidente, Joe Biden, es uno de los muchos estadounidenses con antecesores irlandeses.

Tejer la paz es arduo y lleva años de pacientes negociaciones. Sin embargo, la violencia estalla como una chispa y se propaga como el fuego.

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