¿En qué consisten y qué impacto tienen los préstamos «predatorios» de China a Latinoamérica?

Jul 23, 2020 | Actualidad, Internacionales, Noticias, Portada | 0 Comentarios

En los últimos 10 años, China ha inundado de dinero a Latinoamérica, con más de 117.000 millones de dólares en préstamos, convirtiendo a la región en una de las más endeudadas del mundo con el gobierno chino.

Las condiciones de los préstamos, que han sido calificados por algunos políticos de predatorios, preocupan a economistas.

Junto con el África subsahariana, Latinoamérica es una de las regiones del mundo alejadas geográficamente de China que más dinero le deben al país asiático, según un estudio del Kiel Institute.

Venezuela es el país que más dinero ha recibido de China, 62.200 millones de dólares en 17 créditos, principalmente para el sector energético, según una base de datos del centro de estudios Diálogo Interamericano.

Para el gobierno estadounidense, la creciente importancia de China en Latinoamérica es una intrusión en su área de influencia geopolítica.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, en su visita por la región en 2019 advirtió a los países contra los créditos “predatorios” de China, que inyectan “capital corrosivo en el torrente sanguíneo de la economía, dando vida a la corrupción y erosionando la buena gobernanza”.

¿En qué consisten los préstamos del gobierno chino?

Las principales entidades prestamistas son los llamados bancos institucionales, al servicio de las políticas económicas del gobierno: el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportación-Importación (Exim) de China.

Los bancos estatales chinos se han convertido en los principales prestamistas en Latinoamérica y además de Venezuela, Argentina, Brasil y Ecuador son los países que más dinero han recibido a través de estas instituciones.

La mayoría de los préstamos (un 67%) ha ido hacia proyectos de energía y casi 20% hacia infraestructura, según los datos de Interamerican Dialogue.

Las condiciones de los préstamos y los destinatarios son el blanco de las críticas a los créditos del gobierno de Xi Jinping.

“Los préstamos chinos son descritos como predatorios porque usualmente son dados a países que están en un riesgo relativamente alto de caer en default (incumplimiento de pagos de una deuda)”, expuso Margaret Myers, investigadora y experta en las relaciones entre Latinoamérica y Asia.

Argentina entró en impago a finales de mayo, Venezuela tiene una deuda que es el 80% de su PIB,  Brasil del 78% y Ecuador, aunque esquivó en mayo el impago, está entre los cuatro países emergentes con más moratorias.

Mitigar el riesgo y beneficiar a China

Como explica Myers, el modelo de préstamo chino está hecho para “mitigar el riesgo y beneficiar a China hasta cierto punto”.

“Existe una condición usualmente en lo créditos que requieren el uso de compañías y equipo chino”, expuso Myers.

Además, los bancos estales chinos también son criticados por dar dinero sin tantas condiciones, como las políticas públicas o económicas que suelen acompañar a los fondos de las multilaterales como el FMI o el Banco Interamericano de Desarrollo.

“El problema es que tienes que tener un gobierno que es responsable (…) cuando eso no pasa, el dinero puede usarse para propósitos desafortunados o es despilfarrado, dejando a un país en una posición peor que en la que estaba”, sentenció la experta.

Sin embargo, para China, la relación con Latinoamérica es ventajosa para todas las partes, dada la inyección de capital en proyectos de infraestructura, en una región en donde el 60% de las carreteras no están pavimentadas y el acceso al agua potable es la segunda causa de muerte en niños menores de cinco años.

Colombia, uno de los principales aliados de EE.UU. en la región, y El Salvador, firmaron acuerdos de cooperación con Beijing en 2019, centrados en dinero para infraestructura y aumento de las exportaciones.

Defensores de la inversión china en los países en desarrollo aseguran que, aunque se preste dinero a países endeudados, el gobierno chino no busca crear más deuda para las naciones deliberadamente.

“No se trata de ayuda para el desarrollo”, dijo Frans van der Putten, investigador en el centro de pensamiento danés Clingendael al diario The Diplomat. “Son créditos riesgosos para países en desarrollo, pensados para mejorar su infraestructura.

Con información de Alejandra Arredondo / La Voz de América / Foto Reuters

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