Retoman acto ceremonial ancestral en matrimonio

Dic 19, 2017 | Noticias | 0 Comentarios

Una pareja contrae matrimonio, a través de la ceremonia maya, la cual se traduce en un agradecimiento para los ancestros por la unión de dos energías, refiere Magdalena Ixquiactap Tuc, quien auxilia al Ajq’ij —guía espiritual maya— durante la ceremonia.

Los contrayentes son Estela Elvira García Hernández, descendiente maya k’iche, y Camilo Ramírez Matías, de origen maya mam, quienes decidieron unir sus vidas alrededor del fuego sagrado en la comunidad Santa María Tzejá, Ixcán, Quiché.

“Se unen dos energías, que tienen una particularidad, una forma de hacer las cosas, una forma de decir las cosas y les toca entonces unirse, precisamente para acompañar y aportarle al pueblo de dónde venimos”, refiere Ixquiactap Tuc.

El encargado de desarrollar la unión es el Aj q’ij Arnulfo Aspuac Martínez, el contador del tiempo quien va aportando consejos para la buena convivencia de la pareja, conforme recita las energías de los 20 nawales del Calendario Maya.

El fuego sagrado es alimentado con copal pom, velas y otros elementos naturales, propiamente del entorno, y contribuyen a activar la armonía interior de la pareja. “Nos sentimos muy contentos, muy alegres y en una santa paz, teniendo ya el permiso del Creador y formador en pleno reconocimiento, y armonía con la Madre Naturaleza que nos da la vida”, dice Camilo Ramírez Matías, contrayente.

El momento simbólico del matrimonio es cuando se ata, con una faja roja, la mano derecha de la novia con la mano izquierda del novio, enlazados con una cadena natural y cubiertos con un manto rojo.

En el caso de esta pareja, mientras llegaron al conteo de uno de los nawales, dejaron un pequeño espacio para el matrimonio civil celebrado por un abogado.

El Alq’ij Aspuac cuenta que la ceremonia del matrimonio es el cierre de un proceso largo de consultas a los abuelos y abuelas y de una búsqueda de respuestas espirituales. “Estela no tomó una decisión así por así… porque nuestros abuelos también siempre consultaron y no realizaron nada sin una consulta previa”, narra Arnulfo.

La ceremonia es parte de la riqueza espiritual y cultural que estos descendientes del pueblo maya k’iché y maya mam empiezan a reivindicar. “Nosotros tenemos nuestras raíces, pertenecemos a una cultura; por lo tanto, nunca lo debemos de olvidar, tenemos que ponerlo en práctica, enseñarles a las demás generaciones y también a nuestros hijos”, relata Estela García.

El Ajq’ij, por su parte, asegura que no busca imponer esta cosmogonía ante otros credos, “porque el Ser Supremo es solo uno; hay varios caminos para llegar a ver el rostro del Ser Supremo, pero solo hay uno”, expresa Arnulfo.

Magdalena considera un error enredarse en las comparaciones entre la legitimidad de uno y otro matrimonio. “Es nuestra cultura, es nuestra escancia, son nuestras propuestas políticas desde nuestras miradas… Todas las culturas le han aportado al mundo, los chinos, los japoneses, le aportan al mundo desde sus culturas y nosotros los mayas aportamos desde nuestra cultura”.

Aspuac remarca que “para entender al maya, hay que pensar como maya, y si usted piensa como occidental, no va a entender al maya, su mente va a ser siempre una mente occidental”, opina este Ajq’ij.

Con información de Santiago Botón

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