Con información de Rubén Jocol,
En el marco del centenario de veneración de la Consagrada Imagen de la Santísima Virgen de Dolores de San Nicolás, el adorno del cortejo procesional extraordinario fue concebido como una profunda expresión de fe, historia y gratitud, inspirado en el canto del Magníficat, el himno de alabanza con el que la Virgen María proclama la grandeza de Dios.
El conjunto ornamental está compuesto por siete ángeles que rodean la imagen, portando guirnaldas de azucenas y rosas, flores que simbolizan la pureza y el amor de la Madre de Dios.

Estas figuras también evocan los siete dolores de la Virgen María y representan, según la tradición devocional, a los mensajeros celestiales que espiritualmente acompañaron la llegada de la imagen a la ciudad hace cien años, inicio de un siglo de devoción para los fieles.
En la parte posterior se eleva un anagrama mariano, símbolo de honor al nombre de María, acompañado del mensaje central inspirado en el Magníficat: “Bienaventurada me llamarán todas las generaciones”.

La frase resume el sentido de la conmemoración, recordando cómo durante décadas los devotos han encontrado en la Virgen de Dolores un signo de consuelo, esperanza y fe.
La decoración destaca por una paleta de tonos rosas y rojos, colores que representan delicadeza, amor y júbilo.

A diferencia del carácter penitencial del Viernes Santo, este cortejo extraordinario se concibe como una celebración de gratitud y alegría, con la que el pueblo conmemora cien años de caminar bajo el amparo de su Madre Dolorosa.
De esta manera, entre flores, ángeles y símbolos marianos, la Virgen de Dolores de San Nicolás recorrerá nuevamente las calles de la ciudad, en una manifestación de fe que recuerda cómo, a lo largo del tiempo, generaciones de fieles continúan proclamándola bienaventurada.











