El 19 de octubre de 1899 nació Miguel Ángel Asturias, premio Nobel de Literatura 1967

Oct 19, 2021 | Actualidad, Internacionales, Nacionales, Portada | 0 Comentarios

Con información de @M_V_MEJIA / gazeta.gt / Imagen portada @BMCadiz

Miguel Ángel Asturias Rosales nació en la casa ubicada en la Avenida de Caballería de la Nueva Guatemala de la Asunción. La nomenclatura actual del inmueble corresponde a la 13 avenida 5-54 zona 1. Gonzalo Asturias la describe como una construcción «de patios abiertos, estilo andaluz, con corredores y columnas de madera, apoyadas en bases de piedra, que sostenían los techos».

A fines del siglo XIX, la ciudad de Guatemala lucía como una urbe colonial. Las avenidas eran anchas y pavimentadas con grandes adoquines de piedra, no siempre nivelados entre sí. Las calles se limitaban a ambos lados por casas de un piso, pintadas de vivos colores, cada una contrastante con el color de la vecina. Las casas de dos pisos no sumaban cien en toda la ciudad (Arévalo, Memorias de aldea, 1980: 225).

Miguel Ángel nació el 18 de octubre de 1899, a las diez de la noche. Según la tradición familiar, su venida al mundo ocurrió un día después. Sus padres fueron Ernesto Asturias y María Rosales de Asturias. Tenían 23 y 21 años, respectivamente, en el momento del natalicio de su primogénito. Habían contraído nupcias el 28 de octubre de 1898.

El nombre Miguel Ángel le fue dado por admiración al célebre pintor, escultor y arquitecto florentino Michelangelo Buonarroti. Su bautizo estuvo a cargo del presbítero Alberto Rubio y Piloña y se desarrolló en la parroquia de El Sagrario, integrada a la catedral metropolitana. En otra de las capillas de la misma iglesia, la de Nuestra Señora del Socorro, Miguel Ángel contrajo matrimonio con Clemencia Amado, el 2 de abril de 1939, en momentos de gran apremio, pues su padre se encontraba en una condición crítica provocada por un cáncer en la garganta.

Ernesto Asturias Girón era abogado y notario. En la época del nacimiento de su hijo Miguel Ángel, se desempeñaba como magistrado de la Corte de Apelaciones. Era «delgado y alto como una flauta», «un hombre reservado y autoritario (…) en realidad, hablaba de todo, lo menos posible. Su conversación se reducía a monosílabos arrancados con dificultad». Pese a esa descripción hermética, Gonzalo Asturias reconoce que «con los amigos era más abierto y conversador».

Por el contrario, María Rosales tenía un carácter extrovertido. Según Juan Olivero, era «una mujer muy comunicativa y de conversación salpicada de observaciones agudas de muchas sutilezas». De «tez blanca» (…), «facciones finas» (…) y «ojos castaños de mirada dulce». Miguel Ángel tuvo más apego por su madre, quien fue un importante soporte emocional y económico en su constante descubrimiento del mundo y la literatura.

Tanta era la generosidad y comprensión de María que, en determinados momentos, trató de disimularlas. En 1946, Miguel Ángel radicaba en México y no encontraba una editorial dispuesta a publicar El señor presidente. Decidió darla a la estampa por su cuenta en los talleres del catalán Bartomeu Costa Amic. Los doscientos dólares para la impresión los suministró su pariente Jorge Asturias, quien, años después, confesaría al escritor que esa suma fue aportada por María.

Su hermano Marco Antonio, el segundo de dos hijos, nació en 1901. La primera infancia de Miguel Ángel transcurrió en el inmueble ubicado en la Avenida Central número 99, al que le corresponde la actual nomenclatura de 14 avenida 1-69 zona 1. Esta casa fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura y Deportes, debido a su valor arquitectónico e histórico, por Acuerdo Ministerial número 588-2003, publicado en el Diario Oficial, del miércoles 5 de noviembre de 2003, página 5. Las gestiones las realizó la arquitecta Jazmín Solís Roche, por sugerencia mía.

En 1903, la estabilidad familiar sufrió un vuelco. En su función de juez, Ernesto Asturias Girón se enfrentó con la vesania del tirano Manuel Estrada Cabrera. Unos estudiantes habían sido capturados por ser los presuntos autores de disturbios. El déspota deseaba la aplicación de un «castigo ejemplar», pero el juzgador Asturias los dejó en libertad por no encontrar méritos para procesarlos. Esto significó su destitución del cargo, la imposibilidad de litigar y elaborar escrituras. También María Rosales perdió su puesto como maestra.

Ante la imposibilidad de obtener ingresos, decidieron trasladarse a Salamá, Baja Verapaz, en donde vivía de manera holgada el abuelo Gabino Gómez, un coronel en situación de retiro. Este primer viaje fue una apertura del futuro escritor a un mundo de sugestión vegetal, de caminos sorpresivos, soles despeinados y lunas inusitadas. Empezaron por descender un camino de esquinas blancas junto al río Las Vacas. Luego enfilaron hasta Chinautla. La primera noche estuvieron en La Canoa, por donde pasa el río Motagua. Pernoctaron por segunda ocasión en El Rincón, lugar en el que los peregrinos veneraban al Cristo crucificado. La tercera estación fue en Salamá.

De: Marco Vinicio Mejía /