¡YO ME SUMO…! ¿Cuántos más quieren sumarse…?

por | Dic 1, 2021 | Opinión | 0 Comentarios

A propósito del 3 de diciembre en el día de la discapacidad 

Tolstoi (1928-1910) afirmaba que los grandes relatos literarios ocupaban siglos de historia o podrían a veces ocuparse de la historia en un solo día ¿De qué trataría nuestra historia si viviéramos un solo un día con una discapacidad…? 

Hace algunos años escuchando la variación No. 18 sobre un tema de Paganini, seguramente a 42,000 mil pies de altura, era ya de madrugada y repentinamente se me vino a la mente Diana. Ella nunca podrá escuchar los acordes que hacen de la armonía musical el sortilegio de la inspiración. No, no lo podrá escuchar, es sorda afásica.  

Esa madrugada me pregunte qué pasaría si no pudiera escuchar esa virtud creativa de todos los tiempos: la música.  Cerré los ojos y me taponé los oídos, quise sentir lo que mi hija ha vivido y sentido a lo largo de su vida. Monte en lágrimas por lo que había dejado hacer. Seguramente fue por el dramatismo de esa noche que una gentil sobrecargo conmovida se acercó a preguntarme si ocurría algo.  Dije que no, que era simple nostalgia. Pero no. No era simple nostalgia, era el peso que se me vino esa noche… 

Siempre me pregunté: ¿Cuántas veces hice todo lo necesario para sumarme a su entorno? ¿Cuántas veces fui paciente para conocer sus dudas y sus ilusiones de adolescente? 

Hace unos días conocí a Gabriel Escobar, estudiante no vidente de un curso que imparto en el Doctorado INAP Guatemala, me invitó a un movimiento nacional de conciencia para incorporar la inclusión del discapacitado en Guatemala con llamado al ¡Yo me sumo!  ¿Qué tengo que hacer? le expresé. -Actuar con la conciencia suficiente y la estatura necesaria para que quienes viven con discapacidad (visual, auditiva, movilidad reducida, talla pequeña) sean considerados personas con derechos, conglomerado muchas veces invisibilizado por simple negligencia Estatal o ausencia de su inclusión familiar…

Nunca había escuchado tamaño sentido de conciencia y reclamo por la vida.  El tono fue firme, pero con la cadencia pedagógica de reclamar el derecho a ser parte.  Curioso, esa noche recordé mis años de estudios teológicos cuando confundí la fe con la facilidad de pedir, pero no con la de hacer. Esa noche recibí una lección de proporciones humanas.  A veces necesitamos del testimonio para entender al otro, repetía Octavio Paz (1914-1998).    

Sumarse a un movimiento siempre entraña convicciones que comprometen valoraciones del entorno, principios, comportamientos, sentido de solidaridad y a veces recursos.  Obliga bajo premisas de esperanza hacer aquello por la plena convicción que es bueno. Que no requiere compensaciones, que es justamente la esperanza de hacer en cada acto un aporte para un mundo mejor… aunque a ese mundo aun le falte un tramo extenso para serlo.  

Pero es curiosa la actitud del humano, hermano, pareja y amigos: queremos agradar a quienes ni por asomo nos tienen en su agenda de opciones.  Siempre estamos haciendo llorar a quienes nos quieren. Gastamos la vida queriendo hacer feliz a personas que no les importamos. O a quienes insistimos con mensajes nuestro aprecio, pero que jamás tendrán el más mínimo rescoldo de dispensa cordial.  Eso somos los humanos.  

Por eso es que la discapacidad no es un concepto. Es una persona con nombre propio, con aspiraciones, sueños y esperanzas ceñidas al amparo de un reconocimiento en el que muchas veces no requiere más que el simple sentido humano, como alguna vez Arturo Herrador sin más compromiso que su convicción humana comprendió que Diana era capaz de una vida profesional normal.   

No basta simplemente con el acto benéfico, que es bueno dado que ejercita la generosidad y el sentido de bondad humana.  Pero quien padece discapacidad tiene alto sentido de autosuficiencia. Lo viví una tarde en el aeropuerto de Flores, Petén, quise sumar mi mano a la silla de ruedas de una excepcional mujer y me expresó que la solidaridad era suficiente.

Pero eso no basta simplemente con recordar el 3 diciembre como el día de la discapacidad, muchos de ellos, hombres, mujeres, niños, adolescentes, ancianos, indígenas, campesinos que se debaten en las márgenes de la sobrevivencia o en empleos mal remunerado, están en el pórtico de la esperanza de políticas públicas y programas sociales incluyentes.  

La Comisión Nacional para la Atención de la Discapacidad (CONADI) es el buque insignia para emprender acciones integrales como rectora de procesos de atención pero también deberá  ser capaz de asumir la interlocución de nuevas reglas y normativas para la prevención de la seguridad laboral en la que desarrolle acciones de vigilancia junto al Ministerio de Trabajo y la Comisión del Empleo y la Discapacidad del Congreso de la República deberá actuar para emprender acciones de prevención que protejan al ciudadano. 

¿Quién tiene la responsabilidad de brindar respuestas? el Estado y sus instituciones. Pero ¡Que tanto estamos haciendo los ciudadanos? ¿Cuántos están dispuestos a vendarse los ojos y sentir la limitación visual y auditiva? ¿Cuántos se animan a vivir una hora con una discapacidad a elegir…? Nadie. Y no se trata de juegos.  Se trata del ser humano que tenemos a la par o que vemos todos los días ¿Yo me sumo! Gabriel ¿Cuántos más quieren sumarse…?

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