¿Un nuevo debate para la agenda futura…? Sin las elites, gobierno, políticos y ciudadanía difícilmente habrá agenda

por | Jun 8, 2021 | Opinión | 0 Comentarios

Actualmente en la región las instituciones públicas pasan por etapas de inmovilidad en su capacidad de incidir en canales de ascenso y social. Lo que resulta inaudito dado que en cualquier Estado democrático las instituciones públicas son el primer eslabón para insertarse en la sociedad.  

En esa línea la región deberá asumir mayor intensificación de la agenda del Sistema de Integración Centroamericana, particularmente ahora que tendrá la Presidencia Pro tempore por seis meses.  Hacerlo obliga a alineamientos que permitan mejores condiciones para aprovechar nuestra participación el Tratado de Libre Asociación con Europa, incursionar como bloque en el Asociación del Tratado del Pacifico, intensificación del tratado con México y el CAFTA (Tratado de libre comercio de Centroamérica y República Dominicana y USA).

La agenda futura en el hemisferio occidental de las Américas tiene un triple desafío e igualmente un gigantesco reto para cruzar el umbral de Estados más estable:

  1. Fortalecer la democracia y el Estado de derecho  y su sentido republicano, haciendo transparente su comportamiento cotidiano y con mayor predictividad jurídica.
  2. Crecer con prioridad en el capital social como fuente de riqueza, con políticas hacia  desarrollo de ciencia, tecnología, innovación  e investigación, pero sobre todo en el reparto de riquezas por la vía del empleo, salario y emprendimiento en libertad.  
  3. Pactar la política social para un plazo de 10 años con prioridad hacia la reducción der rezagos sociales que cierre las brechas de desigualdad 

Solo los hombres de Estado, empeñados en la libertad  son capaces de ver por el ojo escrutador de la historia y juzgar críticamente la realidad. Aquellos hombres capaces de medir los riesgos del presente y dilucidar la incertidumbre del futuro. 

Esos hombres que hoy están en los umbrales de pasar a las siguientes fases para defender la democracia de  las amenazas globales deberán tener en cuenta las  variables heredadas del pasado y a veces descontroladas como la pobreza (intencionada a falta de empleos y salarios) que son la consecuencia del modelo y que demanda reformas.

Platón, en su República; Targerson (1970), en su explicación de las decisiones del gobernante; Stiglitz, en los Felices noventa, destacan que la decisión apoyada en ciencia siempre tendrá la lucidez de la razón.  La razón es el instrumento de los hombres de Estado que dedican su mayor y más elevado esfuerzo a comprender que la defensa es justamente la defensa de la democracia: no perdamos de vista tal como afirma O´Donell (2004) que la democracia es la primera obligación para extender las de libertades en este continente.   

Ver el pasado siempre permite observar que fueron los hombres y mujeres quienes impusieron dinámicas que fueron a la velocidad de los tiempos cruciales del hemisferio, a veces alineados a las tendencias hegemónicas y a veces a sus propias iniciativas tropicales. El futuro abre las puertas para un debate en el que deberá situarse el futuro en su justa dimensión. El repaso del pasado permite ejercicios predictivos futuros. Si lo hacen quedarán asombrados del balance crítico de mantener las condiciones actuales.

Pero esto no lo pueden hacer aquellos que encarnan intereses propios o aviesos, esto solamente lo pueden hacer hombres de Estado que se preparan para defenderlo de las amenazas externas, de los riesgos ambientales y de los peligros que el entusiasmo globalizador muchas veces deja en la huella social.

No debemos olvidar que el debate de la democracia no es la simple libertad. Exige interpretaciones del carácter teleológico. Isaiah Berlin (1994) al aceptar el doctorado Honoris Causa en la Universidad de Toronto advirtió los peligros de abrazar ideales simples  “…estos muchas veces son el resultado de coloquios intencionados, pero no son ciencia, sino simple distracción intelectual”.  Ese es el problema en las democracias latinoamericanas, diseñadas con guion jurídico que iguala el desarrollo con una locomotora que lleva a una sola estación final. Cualquier otra no está en el itinerario.   

Piketty (2015) dijo alguna vez ¿Podemos imaginar para el siglo XXI que transcienda al modelo actual y que sea más pacífico y duradero? Ese es el dilema ¿esperamos  las próximas pandemias, crisis políticas o nuevas guerras? 

Pareciera que son los límites y equilibrios de la democracia republicana lo que altera y no permite la funcionalidad institucional para el alcanzar el bienestar. Kissinger  (1972) dijo alguna vez “Los  hombres  de  Estado serán juzgados por la  historia en función de su habilidad para asumir los cambios y sobre todo, por su capacidad para preservar la paz”.  Pero cuando no hay hombres de Estado ¿Cómo los creamos?  ¿En la inercia de la realidad actual? o ¿en los ideales de la democracia republicana? Sin acuerdo de los actores, por más empeño, ríos de tinta, reuniones virtuales y mensajes en las redes, difícilmente habrá agenda.  

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