Regenerar la vida. La esperanza para niños y niñas con desnutrición en Guatemala

Jun 30, 2021 | Nacionales, No definida, Not Available, Política, Portada, Región | 0 Comentarios

Una adolescente de 15 años originaria del Valle de Palajunoj en Quetzaltenango, buscó ayuda con el programa de nutrición de 32 Volcanes, su hijo tenía un cuadro severo de desnutrición y su gemelo murió, ahora el pequeño con cinco años ha recuperado su talla y peso, y la madre lidera uno de los grupos de más mujeres de áreas rurales, quienes trabajan en proyectos para alcanzar la soberanía alimentaria y con esto salvara a sus hijos.

Por Shirlie Rodríguez.

En la organización atendieron el caso de dos madres jóvenes -de 15 y 16 años-, una de ellas embarazada de gemelos, uno solo sobrevivió al parto, el otro bebé, su primo, estaba en las mismas condiciones y llegaron con un cuadro severo de desnutrición. En 32 Volcanes los evaluaron, con estudios médicos identificaron que tanto las madres como los niños, estaban con altos niveles de plomo en su organismo y esta pudo ser la causa de la muerte del otro gemelo, la intoxicación por este agente contaminante que secuestraba los nutrientes y no les permitía crecer los llevó varias ocasiones a estar a punto de morir.

Según la Organización Mundial de la Salud, el plomo tiene graves consecuencias en la salud de los niños, principalmente si están en condiciones de pobreza, ya que puede causar anemia, hipertensión, dañar el cerebro y los huesos. La doctora Andrea Álvarez menciona que un diagnóstico a tiempo es vital para los niños y niñas, ya que mientras este agente externo está en sus cuerpos, secuestra los nutrientes que necesitan para el desarrollo y el crecimiento que necesitan en sus primeros dos años, por lo tanto son propensos a la desnutrición.

Carmen Benitez, codirectora de la asociación explica que en el Valle de Palajunoj, Quetzaltenango, hacen visitas y son áreas en donde funcionan mineras que contaminan el agua que consumen las personas locales, esto lo han comprobado con el equipo multidisciplinario con el que cuentan, que incluye a dos arqueólogos, agricultoras, agrónomos, un ingeniero ambiental, una arquitecta que se dedica al manejo del recurso hídrico, además identifican que al Botadero Municipal que se encuentra en el sector llegan desechos como baterías, que también contienen este metal pesado.

32 Volcanes tiene un programa de nutrición en la que atienden a la niñez en Quetzaltenango y San Juan Ostuncalco

Con casi seis años, estos dos niños se están recuperando en talla y peso, su madre fue capacitada en temas de soberanía alimentaria, que incluye la construcción de huertos familiares para mantener recursos para su alimentación pero pueden ser utilizados como recursos para generar ingresos económicos a la familia, también reciben formación sobre el tratamiento que deben seguir con sus hijos para que se recuperen de la desnutrición y ahora  guía a más madres que pasan por el proceso que ella está superando junto a su hijo.

32 Volcanes es una asociación que se funda con el lema de la memoria, dignidad y porvenir. El nombre tiene un significado físico por los 32 conos volcánicos que alberga el territorio guatemalteco y místico por la espiritualidad maya: «son los espíritus que convocamos en la ceremonia y son los que dan fisonomía al territorio, le dan carácter y espíritu a la nación. «Con los volcanes, la tierra respira y esa fuerza telúrica es la energía de nuestras culturas», asegura Roney Alvarado Gamarro, coordinador del programa de educación de 32 Volcanes.

La asociación tiene 30 años funcionando y el programa de alimentación lleva 10, en los cuales han graduado a más de 2 mil niños; este término lo utilizan para los que llegan al final del programa a los dos años, que son los primeros mil días de su existencia y se comprueba cuantitativamente que alcanzaron la talla ideal para su edad y por lo tanto, el desarrollo cerebral es el óptimo.

En las comunidades rurales se trasladan la información de la existencia del programa, de boca en boca y es así como llegan de forma voluntaria a solicitar la atención médica, otros son referidos de los servicios de salud públicos.

Cuando llega un caso, el equipo de 32 Volcanes evalúa a los niños y niñas, hacen una entrevista y visita de campo en la cual identifican la situación socioeconómica de la familia, evalúan al niño como parte de una comunidad, luego inician con su proceso y reciben consultas semanales o mensuales con el nutricionista, pero también se les evalúa médicamente, su entorno familiar es incluido en otros procesos de formación para mejorar sus hábitos de alimentación.

Carmen Benítez explica que con la aparición del nuevo coronavirus COVID-19, el trabajo se ha duplicado y en este programa atienden alrededor de 300 casos con familias en Quetzaltenango y Sololá, quienes han sido desplazadas, vulnerables a la migración y ahora con la pandemia aumentó el desempleo y esto repercute en su sistema alimentario.

Los huertos urbanos son una fortaleza que han identificado para trabajar con las familias de quienes acuden a ser parte de los programas, a través del cultivo de frutas, verduras, semillas y hierbas, adquieren recursos para su alimentación y también les generan ingresos o con ellos hacen intercambios por otros productos; aseguran que estos procesos le dan espacio a la vida.

Un equipo multidisciplinario trabaja en la atención de la niñez y adolescencia.

En la asociación utilizan fórmulas que incluyen atoles —bebida hecha a base de harina de maíz fortificado—, como la Incaparina la cual mezclan con huevo, Chispuditos y también el amaranto, este es utilizado mayormente con niños que sean alérgicos o intolerantes a los otros. Omar Córdova, nutricionista del programa, menciona que ha registrado casos en los que los niños son alérgicos a algunos alimentos y esto es una causa de la desnutrición, otro factor es la pobreza en la que viven, principalmente las familias de áreas rurales en donde operan como organización, otro factor puede ser una enfermedad crónica diagnosticada y esto evita el desarrollo de sus cuerpos. «Se dan fórmulas artesanales y con esto las madres tienen los insumos para que los preparen y logren que sus hijos se recuperen», recalca el profesional.

El programa de alimentación puede durar desde un año y medio hasta tres, con el fin de que el menor de edad esté recuperado en su totalidad.

Córdova menciona que de los niños y niñas con quienes trabajan en este año, todos han mejorado y se evidencia en las consultas de seguimiento a las que llegan y asegura que la diferencia con los programas de gobierno es por la atención integral que se les brinda, las madres son capacitadas y empoderadas para mejorar tanto la alimentación del niño con desnutrición como la de su familia

En el informe “Entre el suelo y el cielo”, de Oxfam, identificaron que las consecuencias de la desnutrición en la niñez guatemalteca se manifiesta en la talla y el peso, a la edad de 7 años, ya se pueden apreciar las diferencias de la talla por casi 13 centímetros promedio entre escuelas de los municipios más pobres de Guatemala, en comparación a los de la capital. La nutricionista Flor Rodríguez resalta la importancia del monitoreo constante que se da a los niños con desnutrición, ya que un factor principal que provoca el deterioro de sus cuerpos, es la diarrea, esto hace que no absorban los nutrientes y lleguen a niveles altos de deshidratación y mueren. “Es valioso el tiempo que se gana con proyectos como el de 32 Volcanes, porque la insistencia, seguimiento y atención integral, rescatan las vidas de niños y niñas”, menciona.

En el Área de Salud de Quetzaltenango hay 354 casos identificados y en comparación al año pasado, en las mismas fechas, hay un aumento porque la cifra registrada fue de 274.

Luego de una investigación que desarrolló el personal del Área de Salud, se identificó que la pérdida de empleo, bajos ingresos y la escasez de alimentos, fueron los factores que provocaron este incremento de niños y niñas desnutridas. El sistema público de salud hace el diagnóstico de la gravedad en cada caso y algunos son referidos a los hospitales nacionales y otros son atendidos de forma ambulatoria. La nutricionista del Área de Salud de Quetzaltenango, Anahí Recinos, explica que del total de pacientes se recuperan entre un 50 o 55 por ciento, porque algunas madres no llegan a los controles de sus hijos.

Los municipios en Quetzaltenango que más registran casos de desnutrición en niñez menor de cinco años son Coatepeque, Génova, Colomba Costa Cuca, La Esperanza, San Juan Ostuncalco y Quetzaltenango. Estas comunidades son vulnerables por la falta de cobertura que tiene el Estado, refiere José Martín Yac, politólogo y director de la Asociación de Investigación, Desarrollo y Educación Integral (Idei). Recalca que en Guatemala los partidos políticos no identifican necesidades para luego convertirlas en políticas públicas que beneficien a los más vulnerables, llegan a las comunidades indígenas cada cuatro años, pero solo para comprar votos y esto se ha convertido en un círculo de «clientelismo» que fomenta la pobreza y la desnutrición.

Para el profesional, este fenómeno no es nuevo, lleva 200 años desde la invasión española en territorio guatemalteco y que vino a despojar a las comunidades de su pertenencia de tierras y cultura. Agrega que es una pena que ahora el gobierno quiera celebrar el Bicentenario de Independencia, porque estos 200 años representan abandono de los pueblos indígenas y personas que viven en la periferia y no son cubiertos por el Estado.

Esta mirada la comparte Alvarado Gamarro, quien ha realizado investigación desde la organización y prueban que en el país hace 500 años existía un sistema de alimentación eficiente y que fue truncado por el fenómeno violento de la invasión de una potencia extranjera que ocupa y expropia territorios, desarticula el tejido social y el Estado empieza a atropellar las formas de entender el mundo y a partir de ahí, se inventa la pobreza.

Los huertos mandala, son una técnica que implementa el proyecto en las comunidades.
 

Programas a corto plazo no evidencian cambios  

Con cada cambio de gobierno también se modifican los nombres de los programas que implementan para combatir la desnutrición en el país, el cual a nivel Latinoamérica es el primero y el sexto en el mundo con los índices más altos de desnutrición, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Niñez [Unicef].

El Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, hizo un comparativo de los programas sociales que se realizaron desde el 2004 al 2019, para el combate de la desnutrición y los pocos avances.

En el periodo presidencial de Óscar Berger se aprobó la Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional y se creó el Programa para la reducción de la desnutrición crónica [PRDC] y Creciendo Bien, tenía como finalidad el fortalecer la capacidad productiva de las familias más pobres y se incluían capacitaciones y consejerías a mujeres en edad reproductiva. Con las familias también trabajaron capacitaciones para mejorar el patrón de consumo y la distribución equitativa de los alimentos.

La evaluación que realizó el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá [Incap], en el 2017, reflejó que los hijos de las madres participantes, mostraron peores resultados que las que no fueron parte, además que el personal a cargo de hacer las visitas a las comunidades y viviendas de los beneficiados, no se concretaron y por lo tanto el control fue nulo.

El mismo estudio asegura que la prioridad que el gobierno le da a resolver el tema de la desnutrición, se puede medir por la cantidad de presupuesto asignado. Durante el gobierno de Álvaro Colom, en el 2010, el Gasto Público en Seguridad Alimentaria y Nutricional [GPSAN], alcanzó 1.78% del Producto Interno Bruto, el cual fue insostenible y al siguiente año fue decreciendo. Con Otto Pérez Molina [2012 a septiembre 2015] y Alejandro Maldonado [octubre 2015- enero 2016], el GSPAN se redujo al 0.96% del PIB. Con el expresidente Jimmy Morales (2016 – 2019), el GPSAN revirtió la caída sufrida en los años anteriores, pasando de 0.94 del PIB en 2016, a 1.05% del PIB en 2017 y 1.17% del PIB en 2018.

Desde el 2009 al 2016, el Estado de Guatemala ejecutó 393 programas, 97 se han relacionado con seguridad alimentaria y nutricional, de estos, 62 programas no han durado más de dos años y se ha ejecutado poco más del 28. 43% del [GPSAN]. “Esto constituye una muestra muy palpable de los escasos niveles de institucionalidad, planificación, control, coordinación, sostenibilidad y evaluación de las políticas públicas para la seguridad alimentaria y nutricional”, concluye el informe.

La especialista y analista en temas de salud pública, Karin Slowling, refiere que hay muchos problemas con estos proyectos, una parte es tenerlo en papel y otra ejecutarla. Las fallas van desde la planificación y programación, los cuales no se ajustan a la realidad de las comunidades que son multiculturales, diversas en tradiciones e idiomas, además no hay personal y recursos para que ejecuten los proyectos de forma adecuada, así como la contratación de personal por parentesco y amistad, dejando por un lado la capacidad.

«No basta con escribir en un papel que usted le va a asignar Q10 millones a una intervención si nadie ejecuta las acciones. Los trámites burocráticos también evitan que las bolsas de alimentos no lleguen a las personas», dice Slowling. La profesional menciona que en el Congreso de la República no hay interés real para atender este problema de país y se evidencia cuando apoyaron el presupuesto para el 2021, que incluía la reducción de Q200 millones para atender a niños con desnutrición, pero para pago de alimentos y personal de los congresistas, si hubo aumento.

En el 2013 se contabilizaron 12 mil 545 casos de niños desnutridos, ocho años después, solo en el primer semestre del 2021 ya se contabilizan 13 mil 930 casos y reportan ya 12 fallecidos.

En la Unidad de Información Pública de la Secretaría de Seguridad Alimentaria (Sesan), se consultó sobre los avances de la Gran Cruzada Nacional para la Nutrición y en la respuesta indican que se priorizan 114 municipios de los 340 del país, son los que reportan mayor índice de desnutrición, además que en la actualidad se ha iniciado con el levantamiento de la línea base a cargo del Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (Incap), que tiene como objetivo evaluar el impacto, avances y resultados del programa, esto concluirá en octubre, se procesará y presentarán los datos hasta diciembre de este año.

El abandono y una visión centralista de lo que está pasando en el presente es lo que tienen condenando a los niños, asegura el politólogo José Yac, dinero hay. «El Estado tiene que reconocer que Guatemala es diversa y que no se debe presentarse se forma vertical, ya se ha intentado por 200 años y no ha funcionado, las políticas deben ser con pertenencia cultural y diversa, deben ser intencionadas e identificando las necesidades de los territorios rurales, a los cuales nos utilizan para vender como folclorismo, pero no estamos en la prioridad», concluye Yac.

Según el estudio de Oxfam, entre 1995 y 2015, la desnutrición se redujo en un 8.5%, lo cual representa que se necesitaría un siglo para erradicar la desnutrición.

Cambios que dignifican la vida

Iris Romero Hernández tiene 23 años y desde los nueve fue beneficiaria de 32 Volcanes. Su madre tenía una venta de pollo en Varsovia, San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango, y cuando conocieron sobre la organización, pidieron apoyo, principalmente, para el proyecto educativo lo cual llevó a que ella también participara.

Iris es una de las beneficiadas del programa de becas y ahora trabaja en 32 Volcanes y estudia economía.

Siempre fue buena estudiante y cuando estaba en diversificado, empezó a cuestionarse sobre las causas de que algunas personas sean de escasos recursos y otras no, lo que la llevó a estudiar economía en el Centro Universitario de Occidente (Cunoc) de la estatal Universidad de San Carlos de Guatemala. La familia de Iris empezó a cambiar sus prácticas de vida, principalmente, en la alimentación, antes compraban productos con calorías vacías, condimentos procesados o productos que no aportan vitaminas al cuerpo. «Nosotros tenemos terreno, antes teníamos maíz, haba y frijol, pero no me había puesto a pensar que podíamos tener nuestro propio huerto también y entonces comprendí que sí se puede utilizar el recurso, ser autosostenibles y así cambiar la dieta y nuestra situación alimenticia», comenta.

Según Iris, con base a su experiencia, lo que hace diferente y eficiente el programa de 32 Volcanes, es que trabajan en planes a largo plazo y fomentan los productos regenerativos como el pinol de haba, el amaranto, fórmulas como huevo e Incaparina y respetando la cultura de las poblaciones, se busca rescatar a los niños y niñas de la desnutrición, sin destruir el medioambiente, mientras que en el Gobierno solo dan una «pastilla mágica» como bolsas de alimento, cantidades de dinero mensual, lo cual no representa un efecto significativo. «Si los niños ya no llegan al control, nosotros los llamamos y estar al pendiente de que ese niño salga de la desnutrición, hay que perseverar para que se logre un resultado», concluye.

Los cambios del avance en cada niño y niña son notorios, Santos Istazuy, educador en 32 Volcanes y menciona que ha trabajado con niños que tienen desnutrición y los efectos notorios son la distracción, falta de concentración, algunos se mantienen con sueño en las clases y no tienen retención de los contenidos y temas que estudian, pero con la secuencia que tienen en 32 Volcanes se atiende la parte de nutrición, pero también los encaminan al área educativa.

32 Volcanes además de atender a niños y niñas, involucran a las familias para un cambio integral.

La organización cuenta con el Centro de Apoyo Familiar [CAF], en el cual trabajan con niños y niñas de 3 a 12 años, en el que brindan apoyo educativo, salud, nutrición y recreación, el objetivo es ser una escuela con metodologías que integren la memoria, identidad y el reconocimiento de las culturas. Además del programa de becas, que es el más antiguo y que a través de donaciones, apradrinan a los beneficiarios desde la preprimaria, hasta sus últimos años de universidad. 

Istazuy recalca que el valor al programa integral lo evidencia el avance de los niños que salen del cuadro de desnutrición y al estudiar son más activos, crecen físicamente, tienen más interacción y el lenguaje es más amplio.

La codirectora, Carmen Benítez, no ve imposible que exista un cambio en el Estado, pero debe llegar desde la gobernanza descentralizada para ayudar a las poblaciones más afectadas, quienes necesitan de apoyo y seguimiento. Refiere que el sistema monetario mundial está hundiendo a países como Guatemala porque el consumo destruye el territorio como el caso de la palma africana y otros alimentos que se adquieren de la explotación del suelo, por lo tanto apuestan por crear procesos que den espacio a la vida, con los proyectos de desarrollo regenetativo como el cultivo de los alimentos y el tratamiento de la tierra para que esto sea sostenible y represente recursos a largo plazo para las familias.

Roney Alvarado menciona que desde 32 Volcanes abordan la desnutrición como un tema histórico y social, y como cualquier fenómeno de este tipo debe tener un principio, pero también un fin. “Nuestros programas se fundamentan en no volver al pasado, pero sí aprender de este, revitalizar lo que ha funcionado, esta ha sido la diferencia con los programas de gobierno con un Estado colonial que va a pensar conforme a sus bases filosóficas, el cual rechaza y desconoce las culturas y sus aportes, es un Estado nacido de invasión, se mantiene y conserva por invasión y no tienen pertinencia ni sentido cultural”.

Comunidad de trueques: libros por Incaparina

La llegada del COVID-19 a Guatemala provocó crisis en diferentes gremios y esto se vio reflejado también en 32 Volcanes, se redujeron los aportes económicos y de insumos, tanto internacionales como locales, y uno de los recursos más utilizados es la Incaparina como fórmula para combatir la desnutrición.

Bonifaz Díaz, es un artista del teatro en Quetzaltenango, un día llevó Incaparina a 32 Volcanes y le entregaron un libro como trueque, una idea que le pareció como la oportunidad ideal ante la crisis, por lo tanto ofreció en su página de Facebook que él podía llevar los libros hasta las casas de las personas y así hacer el trueque por la Incaparina.

Los primeros libros fueron donados por Catafixia Editorial y Santiaguito Libros, esta última es la librería que también es parte de 32 Volcanes. Llevan un año y dos meses recolectando el alimento, cada semana se reúnen al menos 70 libras, lo que representan 280 libras al mes y durante este tiempo se han intercambiado más de 500 libros. El trueque significa que a las familias llegará este producto, porque no cuentan con el dinero para costearlo.

«Me identifico con los principios filosóficos de 32 Volcanes, uno principal es regenerar la vida y desde los trueques regeneramos los lazos de amistad que nos conecta con la comunidad. Nos ayudamos los unos a los otros», menciona Bonifaz, quien toma cada día su bicicleta para recorrer las calles de la ciudad de Quetzaltenango y así llegar a las casas de las personas que compran la Incaparina que tiene un costo aproximado de Q9 cada libra, para que llegue a los más de 300 niños y niñas que están en el camino de salir de la desnutrición.

Bonifaz Díaz lleva más de un año en bicicleta por Quetzaltenango para hacer los intercambios de libros por Incaparina.

Durante el tiempo que ha estado funcionando esta comunidad de trueques, se han sumado más personas que han donado productos como joyería, ropa, artículos de colección, discos de música, además de librerías que han donado lotes de libros para continuar los intercambios y ya no es solo Bonifaz el que hace los recorridos en bicicleta, ya se han agregado al menos dos personas más quienes viajan para conseguir el alimento que servirá para abastecer a las familias con la fórmula y ganarle la batalla a la desnutrición. Todos los jueves en la página de Facebook de la organización, se publican los libros y la primera que comente, se lo lleva por la cantidad de atol especificada. 

Las personas que quieran colaborar con 32 Volcanes pueden hacerlo, a través de su página web 32volcanes.org, y también a la cuenta monetaria del Banco Industrial 2330096658 a nombre de Asociación 32 Volcanes.

“Este artículo hace parte de la serie de publicaciones resultado de la Beca de periodismo de Soluciones de la Fundación Gabo y gracias al apoyo de Open Society Foundations, institución que promueve el uso del periodismo de soluciones en Latinoamérica, y contó con mentoría de la editora Luiza Bandeira”.