La crisis de la democracia

por | Ago 9, 2021 | Opinión | 0 Comentarios

La democracia que es el gobierno del y para el pueblo, como sistema de organización adopta formas variadas, en el que las sociedades tienen la posibilidad de influir abiertamente y de manera legal y participativa sobre la toma de decisiones.

Es decir, la democracia es un sistema político que permite el funcionamiento del Estado, en el cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad al representante; y, como una forma de convivencia social en la que todos sus habitantes son libres e iguales ante la ley y las relaciones sociales se establecen de acuerdo con mecanismos contractuales.

Hay democracia directa cuando la decisión es adoptada directamente por los miembros del pueblo. Hay democracia indirecta o representativa cuando la decisión es adoptada por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes. Por último, hay democracia participativa cuando se aplica un modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas o cuando se facilita a la ciudadanía amplios mecanismos plebiscitarios. Estas tres formas no son excluyentes y suelen integrarse como mecanismos complementarios

Desafortunadamente América Latina a pesar de que en la mayoría de sus países existe la democracia como sistema político, sus sociedades pocas veces se ven representadas en ellas ya que quienes acceden a los gobiernos se olvidan de sus promesas y las poblaciones se sienten traicionadas y nuevamente se cae en el círculo del descontento popular y las demandas justas a que las promesas de sus políticos sean cumplidas.

Si no hay auténticas democracias la mayoría de los países de la región seguirán con los problemas históricos recurrentes: 1. Altos niveles de pobreza en la región acrecentados por la pandemia; 2. Protestas sociales en defensa de la democracia para exigir a sus clases políticas cumplan con sus promesas; 3. Desde la sociedad civil promover valores democráticos incluso fortaleciendo la institucionalidad de los partidos políticos; 4. Exigir el respeto de los derechos humanos y construir sociedades incluyentes y participativas; y, 5. Tratar de elegir mejor a nuestros dirigentes cada vez que hayan elecciones conociendo sus propuestas para “no volver a equivocarse”. Solo así podremos fortalecer el estado de derecho y tratar en la medida de lo posible evitar que las democracias vivan en permanente crisis olvidándose de consolidarse para el bien común de sus sociedades.

Hasta la próxima semana.

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