Por Redacción Stereo 100 |
Este miércoles, en un acto solemne, se desarrolla la develación de una imponente estatua de tres metros de altura en honor a Mario Salvador Camposeco López, en las instalaciones del estadio que lleva su nombre.
La obra, erigida como un tributo permanente al futbolista más grande de la ciudad de Quetzaltenango y recordado formalmente como «El Caballero del Deporte», fue instalada inicialmente a un costado del área de camerinos del «Coloso de Hielo», con planes proyectados para su futuro traslado al Museo de Xelajú.
Al evento asistieron las hijas del homenajeado, directivos del club, aficionados y patrocinadores, quienes presenciaron un acto de bendición religiosa en memoria de quien fuera el ídolo máximo del Xelajú MC.
La escultura, elaborada con una estructura interna de hierro revestida en resina con polvo de mármol, es una creación del reconocido artista chimalteco, Ariel Lorenzo Jerez.
Su diseño fue el resultado de una rigurosa investigación de archivos fotográficos históricos, realizada en conjunto con Raúl Isaac y la familia de Don Lencho Juárez, lo que permitió recrear con exactitud el uniforme clásico, el calzado y el balón característicos de la época dorada de Camposeco.
La iniciativa de este monumento nació del deseo de los hermanos Sergio Antonio y José Gustavo Díaz Rivera, inspirados por el anhelo de su difunto padre, Marco Antonio Díaz de Paz, fundador de Adornos de Papel Quetzaltenango (QO), en 1919, y conocido como «El Mago de la Tijera».
Este proyecto, que permaneció en pausa por cerca de 20 años desde su planificación original para ser fundido en bronce, fue finalmente consolidado gracias a las donaciones del alcalde de Quetzaltenango, Juan Fernando López, junto a los hermanos Díaz Rivera y la empresa familiar QO, que cuenta con tres generaciones de servicio a la comunidad.
Cabe señalar que la placa conmemorativa registra la fecha del 17 de junio de 2026, día que marca el aniversario luctuoso del futbolista y fecha original prevista para la develación.
La figura de Mario Camposeco, nacido en Quetzaltenango el 6 de agosto de 1921, dejó una huella imborrable en el deporte nacional, liderando al equipo altense durante una década de éxitos y destacando como un pilar fundamental en la Selección Nacional durante la década de 1940.
Su carrera, marcada por hitos como el gol de la victoria ante Costa Rica en 1948 y su participación magistral en las olimpiadas de 1950, se vio truncada trágicamente el 17 de junio de 1951, cuando falleció en un accidente aéreo.
Más allá de sus habilidades técnicas, fue su respeto por compañeros y adversarios lo que cimentó su estatus de leyenda, un legado de caballerosidad que hoy, a través de esta obra de arte, queda perpetuado para que las nuevas generaciones continúen honrando la memoria del futbolista que puso el nombre de Quetzaltenango en lo más alto de la historia deportiva guatemalteca.




























