Por Fredy de León |
Por años los colores, las formas y los mensajes plasmados en muros de San Pedro La Laguna, Sololá, y otros rincones del país han llevado la firma de Billi Cotuc. Sus murales, reconocidos por rescatar elementos de la cultura maya, la identidad local y la riqueza natural de Guatemala, le han abierto puertas dentro y fuera de las fronteras nacionales.
Sin embargo, el artista sampedrano ha decidido dar un nuevo paso en su trayectoria creativa. Ahora, su arte ya no solo se aprecia sobre paredes, sino también en esculturas que comienzan a formar parte de espacios turísticos y culturales de la región.
Recientemente, Cotuc presentó una escultura de un colibrí, una obra instalada en uno de los miradores de San Pedro La Laguna, dentro de un proyecto impulsado por un establecimiento turístico local. La pieza representa una nueva etapa en su carrera artística y evidencia una constante búsqueda de crecimiento y aprendizaje.
“Para mí este proyecto representa un proceso de crecimiento”, expresó el artista al compartir la culminación de su más reciente trabajo.
La transición hacia la escultura no surge de la noche a la mañana. Detrás de cada obra existe una trayectoria construida con esfuerzo, perseverancia y disciplina. A lo largo de los años, Cotuc ha participado en proyectos comunitarios, iniciativas privadas y festivales internacionales, llevando consigo el nombre de San Pedro La Laguna y del departamento de Sololá.
Brillante participación en Colombia
Uno de esos momentos destacados ocurrió cuando representó a Guatemala en un festival artístico en Colombia. En aquella ocasión, junto al también artista sampedrano José Chavajay, elaboró una obra inspirada en el proceso de producción del café, compartiendo experiencias con creadores de diferentes países.
Aquella participación internacional confirmó que el talento que surge en las comunidades del lago Atitlán puede trascender fronteras. Hoy, varios años después, ese mismo artista continúa reinventándose, explorando nuevas técnicas y materiales.
La escultura del colibrí simboliza precisamente esa evolución. El ave, reconocida por su energía, resistencia y capacidad de adaptación, parece reflejar el propio recorrido de Cotuc, quien ha pasado de los pinceles y los murales a las estructuras tridimensionales que buscan interactuar de manera diferente con el entorno y los visitantes.
En una región donde el arte forma parte de la identidad colectiva, historias como la de Billi Cotuc demuestran que la creatividad puede convertirse en una herramienta de transformación personal y comunitaria. Su trabajo no solo embellece espacios, sino que también inspira a nuevas generaciones de artistas a perseguir sus sueños y a explorar nuevas formas de expresión.
Mientras turistas y vecinos observan la nueva escultura instalada en San Pedro La Laguna, detrás de la obra permanece la historia de un artista que continúa creciendo, aprendiendo y demostrando que el arte, al igual que la perseverancia, no tiene límites.


















