Por Byron Lucas |
Un día como hoy, 29 de septiembre de 1717, día de San Miguel Arcángel, un fuerte terremoto sacudió a Guatemala. Por esa razón se le conoce como los Terremotos de San Miguel.
El sismo tuvo una magnitud estimada de 7.4 grados y varias réplicas. Destruyó gran parte de la arquitectura de Antigua Guatemala, entonces capital de la Capitanía General.
Cerca de tres mil edificios resultaron dañados, entre ellos varias iglesias. Los ríos se desbordaron al obstruirse con escombros y material volcánico, ya que días antes, del 27 al 29 de agosto, el Volcán de Fuego había registrado una fuerte erupción.
En esa época el desastre fue interpretado como un castigo divino. La población salió a las calles a confesar sus pecados y se realizaron procesiones, entre ellas la de la Virgen del Rosario, que no salía desde hacía un siglo.
Tras la destrucción, las autoridades consideraron trasladar la ciudad a un sitio menos propenso a sismos, idea que generó conflicto entre el poder real y el eclesiástico. Los vecinos se opusieron y tomaron el Real Palacio en protesta. El traslado no se concretó sino hasta 1773, tras los Terremotos de Santa Marta.
El entonces capitán general Francisco Rodríguez de Rivas donó de sus propios fondos para reconstruir el oratorio de San Felipe Neri y la parroquia de El Calvario.












