¿La mejor arma para combatir la desigualdad de género?: la educación

Mar 8, 2021 | Internacionales, no disponible, Not Available | 0 Comentarios

Yvette Peña recuerda con orgullo el día que se graduó en Administración de Empresas en el Baruch College. “Era la primera de mi familia que lograba llegar a la universidad”, admite durante una entrevista con la Voz de América.

Sus padres emigraron de Santo Domingo, en República Dominicana, a Nueva York en busca de una vida mejor. Ella se crió con su madre, que se divorció muy joven, y sus tías, la mayoría maestras, que le enseñaron lo importante que es la educación para forjar una carrera en la vida.

“Ellas me enseñaron lo importante que es que nos pongamos metas, me inculcaron esas enseñanzas positivas”.

Explicó también que desde muy temprano aprendió “lo importante que es saber español, porque uno no sabe cuándo te podría hacer falta”.

El concepto de “superación” lo ha llevado a la máxima expresión a lo largo de su carrera. Ser mujer, latina y de piel negra nunca ha sido un impedimento para llegar hasta donde ella se ha propuesto, a pesar de que ha tenido que romper con muchos estereotipos y con muchos techos de cristal que la propia sociedad ha impuesto a lo largo de los años.

“Mi meta era la de poder superarme y ser un ejemplo para las generaciones que me siguen”, relata Peña.

Aunque en los últimos tiempos ha habido grandes avances en los derechos de la mujer, considera que todavía este colectivo “tiene que luchar contra las desigualdades”, especialmente las que se dan en el ámbito laboral con las diferencias salariales entre hombres y mujeres.

“Está brecha salarial es de género y se tiene que hablar de ello. Las mujeres solo ganan 81 centavos por cada dólar que ganan los hombres. Esto no es nada nuevo, pero tenemos que hablar de esta disparidad y hacer algo”, insiste sobre esta cuestión.

Su espíritu guerrero la ha llevado “a conquistar la cima” y marcar el camino para que otras mujeres “con esfuerzo y sacrificio” puedan lograr lo mismo.

Se dio cuenta de lo estereotipada que está la figura de la mujer en el mundo laboral cuando trabajaba de jefa de marca para una popular cadena de centros comerciales.

“Yo me encargaba de los productos que tenían que ver con las herramientas, y la mayor parte de los clientes eran hombres. Trabajaba directamente con mecánicos, y a veces me miraban raro”, decía entre risas al rememorar algunas anécdotas en sus antiguos empleos.

Estar en un mundo de hombres y sentir el rechazo por ser mujer fue lo que la motivó para seguir luchando contra las barreras.

Incluso hace unos años, a pesar de ya estar ocupando puestos directivos, ella no era invitada a algunas reuniones de las compañías para las que trabajaba. ¿Por qué? Era mujer. “A veces me sentía invisible”, dice.

Sin embargo, aprovechó esas malas experiencias para convertirlas en aprendizajes de vida. Ahora, después de todo, puede ayudar a otras mujeres que puedan estar viviendo lo mismo que ella experimentó hace unos años: “Que se preparen, que estudien”.

Considera que la educación y el conocimiento son las mejores armas para combatir las desigualdades. Confía que en poco tiempo este escenario haya cambiado completamente y que los estereotipos contra la mujer sea cosa del pasado.

Ahora ella es vicepresidenta de liderazgo multicultural y está enfocada en los asuntos hispanos en AARP, la organización más importante en Estados Unidos que se enfoca en las necesidades de las personas mayores de 50 años.

Desde su posición, ella intenta impulsar programas mucho más inclusivos en las comunidades hispanas.

Sabe que es una carrera de fondo, que las cosas no son fáciles pero tampoco imposibles. Ella es un claro ejemplo de que las metas están para superarse. Eso sí, sin importar la raza, el sexo o la nacionalidad.

Y tiene un mensaje para todos: “que no se juzgue a las mujeres por el género”.

Con información de Antoni Belchi / Voz de América

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