Con información de Fernando Castellanos.
El 16 de febrero de 1925 nació en Quetzaltenango el historiador guatemalteco Severo Martínez Peláez, una de las figuras más influyentes del pensamiento crítico nacional.
Hijo de comerciantes —sus padres administraban la abarrotería “La Sevillana”— creció en la calle del Calvario, en Xela. Recibió una educación esmerada en el Colegio Alemán de Guatemala y desde niño mostró inquietudes intelectuales. Aprendió latín, se desempeñó como acólito y desarrolló interés por la Biblia, los escritos de Lutero y textos históricos y filosóficos que marcarían su pensamiento en la adultez. También aprendió alemán y se apasionó por el montañismo.

Su adolescencia estuvo marcada por conflictos familiares y por la exigencia académica de su padre, situación que lo llevó a abandonar temporalmente sus estudios de bachillerato y trasladarse a la Ciudad de Guatemala, donde trabajó para sostenerse.
En 1953 contrajo matrimonio con Consuelo Pivaral, con quien tuvo un hijo, Bernal Martínez Pivaral. Años más tarde se casó con Beatriz Mazariegos.

Comprometido con los ideales de la Revolución de Octubre de 1944, se inscribió en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), donde cursó estudios de Filosofía e Historia y llegó a presidir la asociación de estudiantes.
Posteriormente amplió su formación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde estudió con reconocidos historiadores.
Tras el derrocamiento de Jacobo Árbenz Guzmán en 1954, partió al exilio en México, país en el que continuó su formación doctoral. Regresó a Guatemala en 1957 para dedicarse a la docencia y a la investigación histórica.
Entre 1967 y 1969 realizó investigaciones en el Archivo General de Indias, en Sevilla, experiencia que fortaleció el trabajo que venía desarrollando desde hacía más de una década.
Finalmente, el 30 de septiembre de 1970 publicó su obra más emblemática, La Patria del Criollo, un estudio que, tras 15 años de investigación y más de mil 300 referencias documentales, se convertiría en un texto fundamental para comprender la estructura histórica y social de Guatemala, generando tanto elogios como críticas en el ámbito académico y político.











