La situación empeora en Irak: las protestas no cesan desde hace varios días, y después de una jornada particularmente violenta el jueves, las fuerzas de seguridad iraquíes dispararon contra decenas de manifestantes en el centro de Bagdad. Desde que empezó la movilización, se registraron más de 30 muertes.

Ni los toques de queda ni los cortes de Internet desalientan las protestas en Irak, que entró en su cuarto día este viernes 4 de octubre, y la represión es cada vez más fuerte. El día anterior, los manifestantes se habían vuelto a reunir, principalmente en el centro de Bagdad y en el barrio chiita de Sadr City. La movilización se extendió a casi todo el sur del país. El jueves, en Nassiriya, al sur de Bagdad, hubo muertos a tiros.

Represión policial

En Bagdad, los enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas del orden, que también registraron víctimas, se convirtieron en una batalla ordenada. Los manifestantes, algunos de los cuales llegaron en camiones, intentaron tomar la Plaza Tahrir, antes de ser empujados por tanques de las fuerzas especiales y disparos con munición real.

Para un manifestante iraquí, esta violencia es inaceptable: «El primer ministro y todos los miembros del Gobierno deben presentar su renuncia. Permitieron que la policía y el ejército dispararan a los manifestantes».

«A través de estas manifestaciones, tenemos la expresión de una desconexión cada vez más grande entre esta generación de iraquíes que, en su mayoría, crecieron y se socializaron en la guerra, la violencia, en este estado de decadencia generalizada, y esta clase política compuesta en gran medida por ex opositores de Sadam Husein, personas de cierta edad que no son consideradas como representativas, que por su incompetencia en gestionar la situación e implementar medidas, son descreditadas y rechazadas. Esta represión es la expresión de un gobierno en apuros que sabe que tiene ante él a una población en estado de indignación avanzada», analiza la politóloga Myriam Benraad, del Instituto de Investigaciones y Estudios sobre los Mundos Árabes y Musulmanes (IREMAM).

«Ninguna expectativa laboral»

«Estas manifestaciones se enmarcan en un proceso que lleva desarrollándose desde el 2015, con manifestaciones periódicas y levantamientos de los ciudadanos iraquíes contra las lacras que están atacando al gobierno de Bagdad», explica la analista de Relaciones Internacionales y especialista en Oriente Medio Yasmina Shawki.

Los manifestantes piden servicios públicos funcionales, empleos para los jóvenes y el fin de la corrupción. «Estas manifestaciones son espontáneas e involucran a todos los segmentos de la sociedad, jóvenes y viejos, hombres y mujeres. Todos expresan su hartazgo por los abusos de poder y el deterioro de las condiciones de vida: no hay trabajo, la atención médica es inexistente y la educación nacional está rota», dice un manifestante.

Algo que confirma Yasmina Shawki: «El gobierno iraquí, todas sus administraciones se van lastradas por problemas de corrupción en la que cualquier ciudadano de a pie que quiere hacer una gestión generalmente tiene que pagar intermediarios. Junto con eso, hay una gran desconfianza de los inversores extranjeros lo que coarta el desarrollo de la economía del país, que se ve agravada con una gran natalidad y un número muy elevado de jóvenes que no tienen ninguna expectativa laboral».

Por ello, «el espectro social es muy amplio: suelen ser los jóvenes los que inician la protesta por su descontento ante las escasas posibilidades de futuro, pero también están apoyados por mujeres, adultos, y diferentes sectores sociales. Como el descontento es muy elevado, la chispa ha prendido y se han unido muchísimas personas más», recalca la analista.

Toque de queda

El toque de queda está en vigor, y al abandonar el centro de Bagdad y alejarse de los barrios tensos, las calles están casi vacías, reporta la corresponsal de RFI Lucile Wassermann. Se han instalado muchos puestos de control adicionales, que no permiten a los residentes moverse libremente o unirse a los manifestantes. Una situación preocupante para los iraquíes: «Tenemos miedo, no sabemos cómo evolucionará la situación. Las carreteras están bloqueadas, la capital Bagdad y todas las regiones de norte a sur están bloqueadas», explica un hombre.

Alrededor de la zona verde, donde se ubican las instituciones políticas, la seguridad fue reforzada. Internet aún no ha vuelto. Es probable que todo esto siga así, especialmente porque las autoridades se están preparando para un día de movilización muy fuerte este viernes, día de oración. Ante la situación, Amnistía Internacional ha instado a Bagdad a ordenar a las «fuerzas de seguridad poner fin al uso excesivo y letal de la fuerza» y a restablecer Internet y las redes sociales.

Reacciones de las autoridades

El primer ministro iraquí, Adel Abdel Mahdi, trató de calmar los ánimos el jueves y prometió responder a las demandas sociales de los manifestantes. Al mismo tiempo, admitió que no tiene una «solución mágica». Por otra parte, las autoridades proponen a los manifestantes llamar a un número gratuito para dar a conocer sus demandas.

El Gran Ayatolá Ali Sistani dio su esperado sermón este viernes, siendo la principal autoridad religiosa chiita del país. Juega un papel en la política del país, especialmente en el nombramiento y la destitución de los primeros ministros. En su predicación, apoyó las demandas de los manifestantes al tiempo que llamó al gobierno a reaccionar rápidamente «antes de que sea demasiado tarde».

A diferencia de lo que se ha observado en el pasado, este movimiento no ha sido reivindicado por un partido político o un líder religioso. Pero desde el miércoles cuenta con el apoyo de Moqtada Sadr, líder chiita cuyos partidarios habían paralizado el país en 2016.

Con información de Radio Francia Internacional