Ha sido un largo y extraño camino para Rudy Giuliani, el determinado fiscal que ganó fama por su liderazgo en la ciudad de Nueva York después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Antes visto como un prometedor candidato presidencial republicano, Giuliani, de 75 años, está tratando ahora de rechazar acusaciones de su papel como supuesto jugador clave en el escándalo internacional que tiene al presidente Donald Trump en peligro de enfrentar un juicio político en el Congreso.

Durante los últimos dos años, Giuliani sostuvo múltiples reuniones con funcionarios de Ucrania, como parte de un esfuerzo para persuadir al gobierno de ese país a abrir una investigación al exvicepresidente Joe Biden y su hijo Hunter Biden, quien ocupó un puesto en la junta directiva de una compañía energética ucraniana llamada Burisma Holdings.

Al mismo tiempo, Giuliani trataba de que se iniciara otra investigación sobre la presunta cooperación entre funcionarios ucranianos y la campaña para las elecciones de 2016 de Hillary Clinton, sugiriendo que Joe Biden también jugó un papel en esa supuesta conspiración.

Joe Biden, candidato demócrata a la presidencia, es percibido desde hace tiempo como el posible oponente de ese partido para Trump en las elecciones presidenciales de 2020, y es la figura que al parecer más preocupa al presidente. Giuliani emprendió esas acciones, según él mismo alega, en su capacidad como el abogado personal del presidente.

El presidente Trump ha catalogado los hechos recientes como «la mayor cacería de brujas en la historia de Estados Unidos». Este lunes lo reiteró en su cuenta de Twitter: «La queja del falso informante no se sostiene. Es más que nada sobre la llamada al presidente ucraniano, la cual, en virtud de la transparencia, yo inmediatamente divulgué al Congreso y al público. El informante no sabía casi nada, ¡su descripción de segunda mano de la llamada es un fraude!».

La historia subió de tono esta semana con la divulgación de una queja de un informarte anónimo, después confirmada por una transcripción de una conversación telefónica divulgada por la Casa Blanca, de que Trump presionó al presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskiy, a investigar a Biden y su hijo en el contexto de otra llamada sobre ayuda militar.

Sin embargo, la llamada del 25 de julio de Trump y Zelenskiy tuvo lugar después de meses de trabajo de Giuliani, quien se reunió con una variedad de funcionarios y exfuncionarios ucranianos para presionar sus teorías sobre Biden y su hijo.

De hecho, el informante también acusó a Giuliani de complicar los esfuerzos de los diplomáticos estadounidenses en Ucrania y forzar a empleados de carrera del Departamento de Estado a tratar de “contener los daños”.

En comentarios realizdos al periódico The Washington Post hace unos meses, Giuliani dijo que se había reunido con al menos cinco fiscales y exfiscales ucranianos para presionar su caso contra los Biden.

Tampoco se ocultó para expresar públicamente sus ideas.

El mayo y junio, Giuliani planteó a través de su cuenta en Twitter que Biden debía ser investigado si su hijo ganó millones de un oligarca ucraniano corrupto y dijo que había denuncias de que Biden había “sobornado” al expresidente ucraniano Petro Poroshenko, aunque no aportó pruebas y ninguna ha aparecido hasta el momento.

Diplomacia por su cuenta

Giuliani ha estado específicamente promoviendo la teoría de que Biden, como vicepresidente, actuó inapropiadamente en 2015 al presionar al gobierno de Kiev a destituir al procurador general Viktor Shokin, quien era considerado corrupto por muchos aliados europeos de Estados Unidos.

Según ha dicho Giuliani en mensajes en Twitter y en entrevistas, el motivo real de Biden era frenar una investigación en curso de Burisma para beneficiar a su hijo, quien había sido nombrado miembro de la junta de la compañía con un salario de $50.000 mensuales.

Hasta la fecha, Giuliani no ha presentado pruebas de que los Biden incurrieron en acciones impropias e incluso las autoridades ucranianas han dicho que en el momento de la destitución del procurador no había ninguna investigación a Burisma. También han dicho que no hay razones para creer que Hunter Biden hizo algo ilegal.

A pesar de las críticas de que ha estado operando a la sombra del Departamento de Estado, Giuliani se ha mostrado desafiante e incluso admitido que está interfiriendo en los asuntos del gobierno ucraniano en favor del presidente.

Las acciones independientes de Giuliani en Ucrania llamaron la atención de miembros del Congreso, quienes el 9 de septiembre se quejaron en una carta al secretario de Estado, Mike Pompeo, de que por casi dos años el presidente y su abogado personal parecen haber actuado fuera de las leyes y los canales diplomáticos para coaccionar al gobierno de Ucrania a iniciar dos investigaciones políticamente motivadas bajo la apariencia de actividades anticorrupción.

La carta fue enviada antes de la queja del informante sobre la llamada de Trump a Zelenskiy, que motivó un anuncio de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, de proceder a una consulta de proceso de destitución del presidente.

Los presidentes de tres comités de la Cámara citaron a Pompeo el viernes por no presentar documentos relacionados con los presuntos esfuerzos de Trump y sus asociados de “presionar impropiamente al gobierno ucraniano a asistir el esfuerzo de reelección del presidente”.

Pompeo no ha discutido públicamente las actividades de Giuliani con Ucrania y el Departamento de Estado.

La reacción de Giuliani a la demanda ha sido feroz, con apariciones en televisión en que ha alegado que en realidad actuó por petición del Departamento de Estado y reiterando sus acusaciones contra los Biden.

En una entrevista con la revista The Atlantic, durante la cual el reportero lo describe como “muy alterado” y “gritando,” Giuliani dijo: “Es imposible que el informante sea el héroe y no yo…. Yo seré el héroe cuando acabe todo esto”.

Con información de La Voz de América