El brote del coronavirus ha alcanzado a todos los países de América Latina. Las autoridades sanitarias están pidiendo a la población extremar todas las precauciones para frenar la propagación de la pandemia, especialmente en los países más vulnerables.

Muchos gobiernos de la región han implementado distintas políticas, en algunos casos muy desiguales, para hacer frente a esta grave situación con la COVID-19. Chile ha impulsado un plan para reducir al máximo las muertes, mientras que Brasil o México han subestimado la peligrosidad del coronavirus. La situación se complica en países como Venezuela, que ya vive una grave situación política y humanitaria.

Centroamérica: el caso particular de Nicaragua

Hasta hace poco días, Nicaragua y El Salvador eran los dos países que no habían contabilizado casos positivos pero, en poco tiempo, ya se ha sumado casi un centenar de casos. El gobierno de Daniel Ortega ha confirmado seis casos, mientras que el ejecutivo salvadoreño ha contabilizado, hasta el momento, 69.

La situación en Nicaragua ha despertado todas las alarmas tanto dentro como fuera de la nación. Desde que estallara la crisis, Ortega no ha aparecido públicamente y, según constan los archivos, el 12 de marzo fue la última vez que se le vio a través de una reunión telemática con los presidentes de los países que forman parte del Sistema de Integración Centroamericana (SICA).

Su ausencia ha generado cierta desconfianza e incertidumbre entre la población, que ve cómo otros países de la región empiezan a sufrir el estrés hospitalario por el gran aumento de casos.

Poco se sabe de las políticas que se han implementado en el país centroamericano porque su presidente no ha salido a dar la cara ni a proporcionar detalles sobre su plan de emergencia ante esta situación.

En su lugar es Rosario Murillo, la vicepresidente y esposa de Ortega, quien se encarga de dar el parte diario, sin aportar muchos más detalles, a través de los canales oficialistas.

Por otro lado, Guatemala, que tiene 70 positivos, ha decretado el toque de queda de 12 horas diarias, una medida excepcional en la nación para frenar cuanto antes esta grave situación sanitaria y evitar, por encima de todo, el colapso hospitalario.

Brasil, la otra cara de la moneda: subestimando al coronavirus

La crisis brasileña del coronavirus surgió, precisamente, a raíz de un viaje oficial del presidente Jair Bolsonaro al sur de la Florida. En sus cuatro días de periplo estadounidense se reunió con varios representantes políticos, además de su homólogo, el presidente Donald Trump, en su residencia privada de Mar-a-Lago.

Uno de sus funcionarios, días después, dio positivo a la prueba de COVID-19, lo que provocó que varias personas, entre ellas el presidente Trump, tuvieran que someterse al test. El alcalde de Miami, Francis Suárez, y el congresista republicano Mario Díaz-Balart, dieron positivo.

Pero lejos de mostrar una actitud cooperante con la pandemia del coronavirus, Bolsonaro ha desafiado a la enfermedad, incluso negando su gravedad, tal y como apuntan los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El mandatario desoyó las indicaciones de su propio Ministerio de Salud y, hace unos días, hizo acto de presencia en un abarrotado barrio comercial de Brasilia. Aprovechó para pedir a los asistentes que volvieran al trabajo lo antes posible, excluyendo a los de edad más avanzada.

También hizo referencia a la hidroxicloroquina, la pastilla utilizada contra la malaria, asegurando que curaría a todos aquellos que contrayeran la enfermedad. Su eficacia, de momento, no ha sido comprobada por ninguna agencia científica de renombre.

La exitosa estrategia de Chile

En el otro lado de la balanza está Chile. Si bien ya ha acumulado 4,815 casos positivos hasta el momento, el gobierno de Sebastián Piñera ha puesto en marcha un plan de contención muy efectivo para frenar la mortalidad de la COVID-19. Solo se han contabilizado 37 decesos desde que estallara la crisis sanitaria.

Costa Rica junto al país del Cono Sur son los dos países de la región latinoamericana que tienen el índice de mortalidad más bajo. Los expertos apuntan a que la realización de pruebas masivas -unas 3,000 diarias- ha permitido identificar quién estaba infectado para proceder a su aislamiento y evitar el contagio.

El doctor Carlos Riveros, especialista en medicina interna que trabaja en el Hospital de Coral Gables (Florida), también está de acuerdo en que la realización del test ayuda a prevenir, en cierto modo, el colapso hospitalario.

“El 80 por ciento de los pacientes no están complicados (de salud) y van a tener síntomas leves de la enfermedad, pero hay otro 20 por ciento que sí van a presentar complicaciones y el 5 por ciento de una forma severa”, detalle el facultativo.

Por eso, avisa la problemática de que los hospitales acaben desbordados, algo por lo que Chile ha estado luchando para evitar al máximo. “Contra más pacientes tengamos con infección, más pacientes vamos a tener con complicaciones, y eso es lo que se está viendo, por lo que tenemos que prepararnos”, manifestó.

La situación en Venezuela se agrava con el coronavirus

La grave crisis política, económica y humanitaria de Venezuela empeora a medida que pasan los días y se conocen más casos positivos de COVID-19. El 17 de marzo, el presidente en disputa Nicolás Maduro anunció una cuarentena en todo el país para hacer frente a la situación sanitaria que, según fuentes del Palacio de Miraflores, se ha saldado con 165 casos.

Casi al mismo tiempo, las gasolineras se quedaban sin combustible, lo que provocó un profundo malestar entre ciertos sectores de la población, que deben utilizar sus vehículos para desplazarse a sus puestos de trabajo.

Por ejemplo, profesionales de salud o personas que trabajan en el campo o en las fábricas de procesamiento de alimentos, expresaron su indignación por esta situación ya que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado venezolano solo permiten el suministro de combustible a los servicios “esenciales”.

Además, Maduro también confirmó un “plan de racionamiento” en medio de esta situación de pandemia. Su objetivo, dice, es combatir los efectos de la escasez de combustible, que puede desencadenar en consecuencias mucho más graves para el país.

La grave crisis en Ecuador

La cifra de muertos en Ecuador ha generado críticas y dañado la imagen del país, debido a la incapacidad de hospitales y servicios funerarios para dar cobertura a lo que se ha convertido en una crisis sanitaria en Guayaquil. El gobierno ha comenzado a utilizar contenedores refrigerados como morgues temporales.

A las quejas de decenas de personas en redes sociales por la demora en el retiro de fallecidos en hogares a lo largo de la ciudad se ha sumado la desesperación de los familiares en las morgues de los hospitales para retirar los cuerpos y trasladarlos a los atestados cementerios.

México también toma medidas

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador había subestimado la gravedad de esta pandemia. Incluso, hace pocos días, invitaba a la gente a participar en reuniones familiares, a pesar de que algunos países de la región ya estaban sufriendo los estragos del coronavirus.

Después de todo, dio un paso atrás y rectificó. Ahora el mandatario ha instado a todos sus residentes a extremar las medidas de precaución en el país que, según fuentes del Ministerio de Salud, se han contabilizado 2,439 casos y 125 muertes.

AMLO ya ha prometido un plan de recuperación económica basado en “más inversión pública y empleo pleno”, aunque no ha dado más detalles al respecto.

Con información de Antoni Belchi / La Voz de América